| hOgaR dUlcE hOgaR | viSTo y NO visTO | ciuDaDaNo 0 | áGOra | DE LO PEQUEÑO a lo grande | UtiLitArio |

Recordar: del latin, re-cordis, volver a pasar por el corazón...

viernes 29 de febrero de 2008

Somos nosotras las que intentamos recordar

Intento recordar si llegué a conocer el trenet de Benimaclet pero no lo consigo. Me gustaría poder buscar en internet en que año desapareció pero aquí no hay red que valga, aunque esto vaya a acabar en un blog. La memoria es traicionera. Sin embargo, si que recuerdo la vieja caseta en la que solía ponerse el guardabarreras. De un azul grisáceo. ¿Cuándo la quitaron?

Me acuerdo, ahora, de mi madre. Cuando éramos pequeñas (y no tanto) nos señalaba algunos edificios y con voz más o menos solemne nos decía: “antes, todo eso era huerta”. Han pasado muchos años.

Ahora somos nosotros los que vemos cambiar el barrio. Somos nosotras las que recordamos que donde ahora hay un aparcamiento subterráneo había un campo de fútbol, que por el solar abandonado por donde solíamos pasear a nuestro perro ahora hay una pequeña urbanización con tres edificios, piscina y césped (todavía me parece increíble que privatizaran una zona de juego. Así soy yo de ilusa). Somos nosotras las que recordamos cuando podías ir a la plaza a tomarte una cerveza tranquilamente, por decir algo. Somos nosotras las que cruzamos los dedos para que no cierren El Glop y para que sean falsos los rumores que nos llegan de que, quizá, chapen el Gabba (en el tiempo que tardo en publicar esto llegan buenas noticias: el Gabba no cierra. Gracias!!).



martes 22 de enero de 2008

Lo que se vio y se añora (Benimaclet en la distancia)



En la distancia te das cuenta de que el sentimiento de pertenencia a un sitio es real. Enseñas tus viejas fotos a tus nuevos amigos y cada imagen evoca un recuerdo que ya forma parte de ti, que va contigo, que te acompaña cuando no hay nadie a tu alrededor que sepa o pueda entenderte (en todos los sentidos). Un microespacio que es un mundo, todo un universo.
Eso es Benimaclet. Ya lo hemos dicho mil veces.
Por eso, la plaza no es sólo el lugar en el que está la iglesia y la fuente es, también, el sitio en el que he compartido cientos de noches con mis amigos, donde ansiaba encontrarme con la persona que me gustaba y compartir una cerveza, donde quedaba con mi ligue, donde, hace unos días, celebrábamos todos juntos la nochevieja.
Donde vivo ahora también encuentro plazas con fuentes, algunas preciosas otras menos. Pero ninguna, por ahora, es mi plaza.
Imagen: 'Nostalgia', de Carlos Rubén Petricorena

jueves 10 de enero de 2008

Los tranvías por la calle y el tiempo a través de las arrugas

Pasan los tranvías por las calles y el tiempo raudo a través de las arrugas. A continuación una joyita de cuando el barrio era otro y nosotros, unos desconocidos. Hace veinte años un niño moría atropellado por un tren en una calle llamada Emilio Baró, hoy las antiguas vías ya no existen, tampoco ese paso a nivel que fue motivo de conflicto y lucha en el barrio. Veinte años no son nada, pero como, como, como pasa el tiempo, sin hacer ruido, brutalmente silencioso.

miércoles 5 de diciembre de 2007

Nos quedamos sin mercado.

Hace unos siete u ocho años (quien sabe, a veces es tan difícil ubicar las cosas en el tiempo), recuerdo que en la plaza de Beni podías encontrar puestos que vendían fruta, pescado y carne fresca. Nunca les hice mucho caso. Siempre habían estado ahí y pensaba que siempre estarían. Tampoco recuerdo con exactitud cuando los quitaron. Creo que fue cuando construyeron el edificio ese nuevo que, aunque parezca mentira, no sé muy bien para que sirve (sólo sé que, a veces, llevan a políticos para que cuenten cuentos, o chistes en su defecto, que de todo hay). El último puesto, el de pescado, desapareció hace poco. Sin avisar (que yo sepa).

L
o escribo para dejar constancia de que hubo un tiempo en el que existía un mercado en nuestro barrio. Con sus casetas viejas de madera verde que ahora recuerdo con añoranza. Era un mercado vivo. Donde los productos no llegaban envasados y los vendedores, imagino, conocían a sus clientes.

Hasta aquí, esta claro. Lo siguiente era una reflexión sobre el peligro que corremos cada vez que desaparece un espacio de venta alternativo o tradicional. Como, poco a poco, vamos quedando a merced de las grandes y medianas superficies. Con todo lo que eso conlleva a todos los niveles: laboral, seguridad alimentaria, control sobre la distribución y los precios, etc... Pero paso. ¿Acaso no nos sabemos ya la teoría? El problema, muchas veces (sobre todo si tienes un sueldo de mierda, un alquiler caro, horarios intempestivos, pocas ganas de interactuar con el vendedor de turno, poco tiempo y mucha hambre) es como llevarla a la práctica. Algunas ideas, para los que tengan tiempo y ganas, aparecen en el libro de Vandana Shiva Manifiesto para una democracia de la tierra. Justicia, sostenibilidad y paz. Ediciones Paidós Ibérica, S. A (2006).

domingo 2 de diciembre de 2007

Deconstrucción del tiempo en la calle Murta

No se fueron hace mucho. Tampoco se irían ni muy rápido, ni muy pausadamente, aunque eso es difícil de precisar. Se dejaron el tiempo dentro, eso está claro, donde se suele dejar una foto familiar, en el pilar central de la casa, en medio de un comedor que ha mutado en escombros y polvo. Ahí está, no hay que esforzarse demasiado para comprobarlo. Las hojas del almanaque se asientan en un gran montículo, como los de antes. Exactamente como los de antes. Cuando no había crematorios, ni cementerios, cuando la gente moría en casa y no había hospitales. Ahí está: la cruz marca el lugar. Una cruz a medio hacer, qué más da, el tiempo es más antiguo que las iglesias. Porque antes, antes, antes se dibujan tres palos que cuatro. Porque una cruz es una T en dos tiempos. Hacia arriba y hacia abajo, hacia atrás y hacia adelante. Porque el tiempo es perspectiva.

Desde aquí, hasta allá, aunque, ciertamente, no sé cuándo, ni hacia dónde. Eso sí, se fueron. Sin hacer ruido en la ciudad del ruido. Porque ruido sobre ruido es silencio absoluto. Vendrían máquinas y se irían ellos. Verja metálica en lugar de puertas. Nadie llamará al timbre, aunque tampoco hay timbre y la ‘nocasa’ llama más la atención que la casa en sí. Todo ello en poco tiempo y por poco tiempo. Entre destrucción y destrucción hay quién se atreve a ubicar algo que llaman construcción. Como si el entorno fuera un collage y cuantas más ruinas y más baldosas rotas, más preciado y resultón. Pero no es lo mismo construir destruyendo que destruir construyendo, los viceversas aquí no valen, caen por su propio peso. El tiempo no, ahí se queda. Cíclico o lineal, se fragmenta o se agrupa. Los propietarios de esta antigua vivienda de la Calle Murta decidieron deconstruir el tiempo. Ahí nos lo dejaron en cuerpo presente, diseccionado sobre un pilar. Le quitaron los adornos y dejaron las ruinas. Frío y salvaje, como una pequeña piedra triturada que se resiste a convertirse en polvo. Así nos lo dejaron, sin antes, ni después. Sólo tiempo en estado puro.

viernes 23 de noviembre de 2007

¿Cuándo seremos dignos de merecer?

El tiempo pasa muy rápido, veloz, se lleva por delante expectativas y arrasa paisajes que se acaban esfumando. Poco a poco vamos siendo otros, caminando por lugares desconocidos, oyendo nuevas promesas que nos recuerdan a ilusiones telarañosas. Ecos de lo que fue. Un sonido roto y una foto amarillenta, poco más. La campaña electoral de este año ya ha empezado. Nos presentan a candidatos, mítines y vídeos propagandísticos. Empieza el show y uno no puede evitar mirar atrás. ¿Nos merecemos una España mejor? Ciertamente, como diría el Tito Camarón, yo de política ni sé ni quiero saber, lo único que quiero es una casa en condiciones. La fotografía está tomada, precisamente, cerca de ese lugar semiderrumbado -huerta de Vera. Camino de Alfahuir-, en el que sólo la dignidad se mantiene en pie. Pasados casi cuatro años desde que se tomó esta fotografía lo único que se puede reemplazar, sustituir o cambiar es el cartel electoral. Pondrán uno nuevo, mejor dos o tres o mil. Empapelarán el barrio. La huerta, una vez destruida, no se puede reemplazar ¿Y qué pasa con el abandono, la basura y los escombros? Se van acumulando, como los granitos de un reloj de arena, sin hacer ruido; preguntándose y preguntándonos en qué año vivimos y cuándo, cuándo, considerarán que somos dignos de merecer sino Una España mejor, un mínimo de respeto. Dentro de unos meses se volverán a acordar de nosotr*s, el olvido llegará después, al mismo tiempo que introducimos el voto en la urna fría que congela el tiempo.

Fotografía extraída del blog memoria&deseo, al que agradecemos su perspectiva de las cosas y pasión por la fotografía

martes 20 de noviembre de 2007

Este año, castigados sin patio!

Hace un par de años recuerdo que volvía de la Universidad y, en el solar que hay junto al C. P Pare Catalá, había un grupo de niños y niñas con, supongo, sus padres y madres protestando. Pedían que esa parcela sirviera para ampliar el patio del colegio que, al parecer, se ha quedado pequeño en comparación con el número de alumnos que estudian en ese centro. Creo que todavía pueden leerse algunas de las pintadas que hicieron entonces. No les hicieron caso. Leer más.